¿QUÉ GANÓ LA RESISTENCIA ESTUDIANTIL? ¿SERVIRÁN DE ALGO LOS FEMINICIDIOS DE KIMBERLY Y KAROL? YO, HASTA NO VER, NO CREER
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 30 de abril de 2026
La Rectoría de la UAEM emitió este 30 de abril un boletín que, a primera vista, parece celebrar el fin de un conflicto. Con el regreso de los estudiantes en paro, dice, la totalidad de la matrícula retoma clases, unas ya en modalidad presencial y otras en virtual. El campus Chamilpa se suma a Oriente y Sur-Poniente. Todo vuelve a la “normalidad”. Pero la pregunta que nadie quiere hacerse con crudeza es: ¿qué ganó realmente la Resistencia Estudiantil en este delicado y complicado asunto?
Los feminicidios de Kimberly y Karol fueron la chispa que encendió el paro. Su sangre no fue solo tragedia, sino también denuncia. Movilizó a cientos de alumnos que exigieron seguridad, justicia y, sobre todo, el fin de los cacicazgos que desde hace décadas saquean la UAEM.
Hoy, con el boletín en la mano, parece que todo se resuelve con un “regreso a clases” y una mesa de diálogo. Yo, hasta no ver, no creer.
La universidad reconoce que no aplicará sanciones académicas ni administrativas por la participación en el paro. Bien. También asegura la continuidad de trámites ante Consejos Técnicos, la Procuraduría de los Derechos Académicos y la Unidad de Género. Suena razonable. Pero ¿cuántas veces hemos visto promesas similares convertidas en letra muerta cuando el ruido mediático baja? La historia de la UAEM está llena de compromisos que se evaporan una vez que los estudiantes regresan a sus salones.
Se habla de evaluaciones reprogramadas “bajo criterios de equidad”, con tiempos suficientes y sin sobrecarga académica. Habrá un cronograma integral. Cada unidad académica definirá sus acuerdos de recuperación con calendario y responsables. Los estudiantes podrán consultarlos y monitorearlos. Transparencia, dicen. ¿Transparencia real o simple cortina de humo para que el estudiantado crea que ahora sí participa? La experiencia enseña que los mecanismos de seguimiento suelen quedarse en papel.
Lo más novedoso del boletín es la promesa de un “mecanismo institucional” para identificar posibles represalias y proteger la trayectoria académica de los alumnos. Prevenir, visibilizar y atender cualquier conducta que afecte a los estudiantes. Palabras bonitas. Pero en una universidad donde los mismos grupos de poder llevan décadas controlando presupuestos, plazas y contratos, ¿quién vigilará a los vigilantes? ¿Quién garantizará que este mecanismo no termine siendo otra herramienta en manos de los de siempre?
La Resistencia Estudiantil logró sentar a la Rectoría en muchas mesas de diálogo. Eso es innegable. Logró que se reconociera públicamente el derecho al paro y al debate de ideas como base de la vida universitaria. Pero ¿es suficiente? ¿Basta con que se firme un documento para que desaparezcan los cacicazgos que han convertido a la UAEM en un botín? La respuesta, por ahora, es no.
Kimberly y Karol ya no están. Sus muertes no fueron un accidente ni un hecho aislado. Fueron el grito desesperado de una comunidad universitaria que lleva años padeciendo inseguridad, corrupción y abuso de poder. ¿Servirán de algo sus feminicidios? La Rectoría dice que sí, que de ahí nace este nuevo acuerdo. La Resistencia Estudiantil quiere creerlo. Yo, como muchos morelenses, sigo en la duda.
Porque mientras no veamos sanciones reales a los responsables de la violencia y el saqueo, mientras no se transparenten los recursos y se desmantelen las redes de poder que operan desde hace décadas, todo esto seguirá siendo solo un boletín más. Un comunicado bonito para calmar los ánimos y regresar a la “normalidad” de siempre. Eso se llama gatopardismo.
La mesa de diálogo sigue activa, dicen. Ojalá sea verdad. Ojalá no sea otra forma de ganar tiempo hasta que el movimiento estudiantil se disperse y el olvido haga su trabajo. La comunidad universitaria merece más que promesas. Merece resultados concretos, medibles y, sobre todo, irreversibles.
Por ahora, la Resistencia Estudiantil ha conseguido que la UAEM hable de equidad, protección y transparencia. Ha puesto el tema en la agenda. Pero la verdadera victoria no estará en un boletín del 30 de abril. Estará en que, dentro de seis meses, un año o dos, Kimberly y Karol no sean solo dos nombres en una lista de víctimas, sino el motivo por el que la universidad cambió para siempre.
