YA SALIÓ A RELUCIR EL PEINE: SICT SE INCLINA A FAVOR DE EMPRESA REGIOMONTANA PARA CONSTRUCCIÓN DE DISTRIBUIDOR VIAL UAEM
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 27 de abril de 2026
La mañana de este lunes, las instalaciones de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) en la carretera federal Cuernavaca-Tepoztlán se convirtieron en escenario de una protesta más de las que ya son habituales en Morelos cuando se trata de grandes obras.
Integrantes de la CATEM, encabezados por Valentín Chávez González, secretario de Movilidad de la delegación de esa agrupación en Morelos, exigieron ser recibidos por el delegado federal para reclamar el incumplimiento de acuerdos sobre el Distribuidor Vial Chamilpa. Lo que está en juego no es solo un cruce vial: es una obra esperada por más de una década que promete descongestionar una de las zonas más complicadas de Cuernavaca y dar oxígeno a la universidad.
El fondo del conflicto es claro y recurrente: el afán de entregar la obra a una empresa externa de Monterrey, dejando fuera a los transportistas y trabajadores locales de Chamilpa y Ocotepec.
CATEM exige participación real de la mano de obra morelense, no migajas ni subcontratos de último momento a empresarios regiomontanos.
Los camioneros de la zona saben que esta es su oportunidad de generar empleo directo y derrama económica en su propio territorio. Si se ignora esa demanda, no solo se perpetúa la práctica de “llevarse todo afuera”, sino que se acumula más frustración en una entidad que ha visto cómo muchas promesas de inversión terminan beneficiando a pocos.
Más allá de este distribuidor vial, el caso refleja un problema estructural: la falta de compromiso real con el contenido local en los proyectos federales. Si el gobierno federal y estatal quieren que las obras se ejecuten en paz y con legitimidad social, deben entender que incluir a los trabajadores de la región no es un favor, es una obligación mínima de justicia.
De lo contrario, las movilizaciones no pararán y el Distribuidor Vial Chamilpa UAEM, en lugar de ser una solución, se convertirá en otro símbolo de las promesas rotas en Morelos.
