EL PT AMENAZA CON SOLTAR A MORENA; AHORA FALTA SABER CUÁNTO PESA SOLO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Viernes 25 de septiembre de 2026
La política suele cobrar caras las rupturas, pero también desnuda fortalezas que durante años permanecieron ocultas detrás de las alianzas. Eso es precisamente lo que puede ocurrir con el Partido del Trabajo en Morelos. Los bloqueos del miércoles, el choque frontal con el Gobierno estatal, la respuesta de Morena y la decisión de dirigentes petistas nacionales y locales de acudir hasta la Secretaría de Gobernación para plantear sus demandas muestran un distanciamiento que difícilmente puede reducirse ya a una simple diferencia coyuntural. Una cosa, sin embargo, es romper políticamente y otra muy distinta hacerlo electoralmente. Si el PT decide finalmente caminar solo en 2027, entonces llegará la hora de saber cuánto pesa realmente.
Durante años el PT ha encontrado en las coaliciones con Morena una plataforma formidable. Esto no significa, jurídicamente, que Morena le regale votos: cada partido conserva su emblema y los sufragios se contabilizan por separado. Pero políticamente resulta evidente la ventaja de compartir candidatos y proyecto electoral con la fuerza dominante de la izquierda mexicana. Por eso, más que intercambiar acusaciones acerca de quién necesita a quién, una eventual separación ofrecería una respuesta mucho más contundente: las urnas. En Morelos sabremos entonces cuántos electores están dispuestos a votar específicamente por las siglas del PT cuando enfrente, y no acompañe, a Morena.
Hay además dinero de por medio. Romper hoy con Morena no significa que mañana el INE le cierre la llave al PT. Para 2027 tiene calculados alrededor de 688 millones de pesos de financiamiento ordinario federal y, al tratarse de año electoral, recibirá además unos 206.5 millones para campañas federales, junto con recursos para actividades específicas y otras prerrogativas. El financiamiento público se determina mediante reglas constitucionales: una parte se distribuye igualitariamente y otra, la mayor, de acuerdo con la votación obtenida. Por eso el verdadero efecto económico de una ruptura no sería inmediato; aparecería después, cuando los resultados electorales determinen cuánto representa realmente el PT frente al conjunto de electores.
Morelos puede convertirse así en un magnífico laboratorio político. Si los petistas mantienen la confrontación actual y llegan separados de Morena a las elecciones del 6 de junio de 2027, ya no bastarán las movilizaciones, los bloqueos, las estructuras partidistas ni las declaraciones de sus dirigentes. Tendrán que llevar ciudadanos a las casillas y conseguir que marquen el emblema del PT. Una votación importante fortalecería su posición política y su capacidad futura de negociación; una reducción significativa tendría efectos sobre el componente proporcional de sus prerrogativas posteriores. Y el umbral del tres por ciento agrega otro ingrediente: para un partido nacional, una votación local insuficiente puede tener consecuencias concretas sobre su acceso al financiamiento público estatal.
De ahí que la confrontación de estos días pueda terminar teniendo consecuencias bastante mayores de las que hoy observamos en las calles de Cuernavaca. El PT está elevando el costo político de su relación con el Gobierno de Morelos y con Morena estatal, mientras sus dirigentes buscan interlocución directamente en Gobernación. Falta conocer hasta dónde están dispuestos a llevar el desafío. Si todo termina en una negociación, habrá sido otro episodio de presión política. Pero si el rompimiento llega hasta las boletas de 2027, desaparecerán muchas especulaciones: el PT tendrá la oportunidad de demostrar, voto por voto, si en Morelos posee fuerza electoral propia suficiente para caminar sin Morena.
