LAS 23 CARAS INVISIBLES DEL MONSTRUO: POR QUÉ EL CRIMEN ORGANIZADO SIGUE RIÉNDOSE DE NOSOTROS EN 2026

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 23 de julio de 2026
En julio de 2026, mientras los titulares siguen obsesionados con decomisos de fentanilo o balaceras espectaculares, Edgardo Buscaglia —académico de Columbia y uno de los mayores expertos mundiales en crimen organizado— sigue repitiendo lo mismo que advertía hace más de una década: el narcotráfico es solo una de las aproximadamente 23 vertientes delictivas que alimentan a estas redes transnacionales. Y el resto —trata de personas, tráfico de migrantes, falsificación, contrabando de minerales, pesca ilegal, lavado a través de puertos y constructoras, tráfico de órganos, extorsión digital— opera con relativa impunidad porque nadie las mira con la misma intensidad.
Nada ha cambiado sustancialmente. Esa es la cruda realidad.
Buscaglia lo ha documentado en más de 119 países: las organizaciones criminales no son bandas románticas de capos con bigote. Son estructuras empresariales horizontales, tipo franquicias, con directorios donde conviven políticos, empresarios “legales” y operadores de bajo perfil. Corrompen campañas, compran jueces, lavan dinero en economías formales y diversifican riesgos. Cuando el Estado persigue solo drogas, ellos se mudan a la trata de personas o al saqueo de recursos naturales. Cuando se endurece la frontera, invierten en ciberdelitos o en “harina de pescado” que sale de puertos argentinos o mexicanos. El negocio nunca para; solo muta.
En México, la “mafiocracia” que Buscaglia describía años atrás sigue siendo la norma: porciones enteras del Estado forman parte de la red, no como víctimas, sino como socios. En Argentina, células del Cártel de Sinaloa operan desde hace casi dos décadas en el norte, con lavado, trata y contrabando, mientras los políticos debaten leyes que nunca terminan de aplicarse. En Chile, el “cáncer” avanza lento pero constante, con un aumento del 30 por ciento en frecuencias delictivas. La región entera ofrece un paraíso de costos bajos y protección política alta.
Lo más frustrante es la continuidad del error estratégico. Seguimos celebrando capturas de “líderes” como si cortaran la cabeza de la hidra. Seguimos militarizando la respuesta visible mientras el dinero ilícito fluye por los circuitos financieros y las contrataciones públicas. Buscaglia lo dice con claridad quirúrgica: sin decomiso serio de activos, sin auditorías ciudadanas reales a las campañas y al gasto público, sin coordinación internacional efectiva y sin prevención social profunda, todo es teatro.
En 2026 seguimos perdiendo. Perdemos vidas, perdemos Estado de derecho y perdemos desarrollo. Cada año que pasa sin atacar las 23 vertientes —y sobre todo la corrupción política que las protege— es un año en que las redes ganan terreno, sofisticación y poder.
No es pesimismo; es evidencia acumulada. Buscaglia no inventa los números: los extrae de miles de expedientes judiciales y reportes de inteligencia financiera. El monstruo tiene muchas caras, y mientras sigamos mirando solo una, el resto nos devorará en silencio.
Es hora de dejar las caricaturas y enfrentar la complejidad. O seguiremos escribiendo las mismas columnas dentro de cinco años, con cifras más trágicas y el mismo diagnóstico intacto. La pregunta ya no es si el crimen organizado avanza. La pregunta es cuándo decidiremos dejar de facilitarle el camino.
