CUAUTLA BAJO EL GATOPARDISMO: ¿EL MISMO NARCO CON DIFERENTE CARETA?
LA CRÓNICA DE MORELOS
Lunes 29 de junio de 2026
E D I T O R I A L
A partir de este martes 30 de junio, con la toma de protesta de Salvador Molina Martínez como presidente municipal suplente de Cuautla, Morelos, el municipio podría ingresar en una fase clásica de gatopardismo. El término, inspirado en la novela El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, describe aquella astuta estrategia política según la cual “es necesario que todo cambie para que todo siga igual”.
En la práctica, se trata de realizar ajustes superficiales —como sustituir a un alcalde detenido por vínculos con la delincuencia organizada— sin alterar las estructuras de poder, las redes de complicidad ni el control real que opera en las sombras. Tras la detención y vinculación a proceso de Jesús Corona Damián, acusado de nexos con grupos criminales, el arribo del suplente se presenta como una “renovación” institucional.
Sin embargo, en un contexto de violencia crónica y disputas territoriales en Morelos, este cambio de figura podría ser meramente cosmético, preservando intactos los pactos subterráneos que han convertido a Cuautla en un foco de inseguridad.
Salvador Molina llega con una reputación controvertida que alimenta el escepticismo ciudadano. Aunque ha denunciado amenazas de muerte contra él y su familia —incluyendo narcomensajes exigiendo su renuncia y firmados presuntamente por células como “La Gente Nueva de Cuautla”—, su figura ha sido mencionada en narcomantas y contextos vinculados a la administración anterior. Esto genera dudas sobre si representa una verdadera ruptura o simplemente la continuidad de un sistema donde el poder municipal opera en sintonía (o bajo presión) de intereses criminales.
La crisis en Cuautla no es nueva: detenciones de alto perfil, operativos federales y un Cabildo dividido evidencian un vacío de autoridad real que el crimen organizado aprovecha. Nombrar a un suplente en medio de pugnas internas y amenazas directas a domicilio no resuelve el problema de fondo; solo lo reacomoda.
La ciudadanía de Cuautla merece algo más que un gatopardismo disfrazado de alternancia. Mientras las élites políticas locales sigan apostando por relevos de nombres sin desmantelar las redes de corrupción y colusión que han permeado la administración municipal, la violencia y la desconfianza seguirán siendo las verdaderas dueñas del territorio.
Este 30 de junio no debería celebrarse como un triunfo democrático, sino observarse con lupa como el posible inicio de otro ciclo donde todo cambia para que, en esencia, nada cambie. La verdadera transformación exigiría mucho más que una protesta de Cabildo: depuración profunda, transparencia y voluntad real de confrontar al poder que opera fuera de Palacio. De lo contrario, Cuautla solo estará estrenando una nueva máscara sobre el mismo rostro.
